Tu nombre era roca,
y ahora es arena
arrastrada por el viento del olvido.

Tus senos eran pájaros,
y ahora son sólo plumas
en los nidos vacíos de mis manos.

Tus palabras, agua,
y ahora son garabatos de sal
en las arenas de mi espalda.

Tu amor era el abismo
y yo, las alas.
Ahora es el silencio,
y yo,
las lágrimas.


Miguel Ferrer