Cuando niña imaginaba
que mi vestido era dorado,
bajo la higuera la fiesta y
zapatitos de cristal
en mis pies descalzos.

Cuando era niño soñaba
con una princesa encantada.
Luchaba con los dragones,
las plantas de mi madre,
con un plumero/espada los clavaba.

Estás tatuado en mi memoria,
me hiciste tan feliz querido árbol.
Fuiste mi castillo de princesa,
torreón con puente levadizo
y príncipe a caballo.

En la Edad Moderna
te equipé con hélices, canillas y rodados
Salí al rescate de inmediato;
intentabas volar, querías elevarte
pero tenías tus pies aprisionados.

Fuiste secuaz de tantas travesuras,
te debo la guarida de mi inocencia lejana,
si trepaba en tu frescura cada siesta
creyendo que eran torres
tus ramas altas.

Convertí tu arrugada piel en fuselaje
y hasta te pinté una insignia en un costado.
Te encomendé ser un avión de guerra;
pero sólo bombardeabas flores
y en el verano, duraznos...

Cuando al fin haga balance
de mis pocas pertenencias y me marche,
deja que lleve a tierra conmigo tu semilla,
que yo cuidaré a tus hijos
para pagarte.

Tus hojas serán ángeles
que caerán a la tierra en otoño
y tus duraznos/vientres/madres
se arrojarán a las manos
de nuestros retoños.


Diana & Juansinmiedo
18/12/2007