Enojo



(Fragmento de una conversación oída por casualidad)



Hoy me lastimaste.

No es que me vaya a morir por eso, pero...

es que no te entiendo, disculpame.

Como seguramente vos no me entendés a mí.

¿Quién te creés que sos, pendejo,

con ese cuchillito en la mano?

¿O te creés que porque soy anciano

y casi no me muevo

no me doy cuenta de nada?

Tengo más años que vos y tu viejo juntos,

y conocí a tu abuelo y al padre de él también.

No puedo ver, pero sé exactamente

todo lo que pasa a mi alrededor.

Así en el Cielo como en la Tierra,

y debajo de la tierra también.

Casi no escucho,

pero presiento cuando viene la tormenta

y me preparo, abro mis brazos

y espero el agua

que es mi vida.

Soy un mundo en este mundo,

y siento sobre mi piel

el tránsito de miles de seres

que viven y dependen de mí.

Y no me hacen daño.

En cambio, tu gente hace adornos

con los cadáveres de mis hermanos...

¿No hay otra cosa para hacer?

¿Por qué no te comés una fruta? o...

¡Hacete un columpio!

Eso no me molesta.

Pero no me hagás daño...

Disculpame si te traté mal,

pero es que ¡me dolió...!

Me aterra la proximidad del acero...

Tal vez no sepas de dónde viene esta voz,

pero vos sabés bien quién soy

y de qué te estoy hablando...




Miguel Ferrer - 2006