Retumba en mi cabeza
de paredes de hueso
como pasos perdidos
Susurra.
Diciéndome cosas
repugnantes al oído.
Se me mete al alma,
me deja el corazón
como un pájaro esparcido.
Se me eriza la piel,
multiplican los sentidos
los ecos, los sonidos,
no soy yo el que escribe,
yo siento que alguien
dispone de mis manos
se adueña, se las lleva
me arañan, me golpean.
Escriben el adagio final,
el epitafio,
disfrutan de antemano
las caras de dolor
el llanto, las coronas.
Debo hacer que calle.
Voy a liberarme.
Me encontrarán
así por la mañana:
un círculo de sol
en las caderas dibujada
habiendo hallado al fin
alivio en su silencio
en medio de mi sangre derramada.
Miguel Ferrer - 2007