El niño está triste...
tiene la mirada lenta,
los labios rectos, sellados
los cortos deditos, pálidos
de tanto apretar las manos...
no quiere soltar un sueño
de globos rojos y promesas de primavera.

El niño no come
no le interesa.
Mira por el hueco traslúcido
de la ventana
más allá del horizonte,
colgado de las alas de un pájaro
que se aleja.

El niño se muere de pena
porque no lo dejan ser
príncipe, soldado, aventurero...
le borran las medallas de barro
de las camisas nuevas
y lo mandan al exilio
en el rincón del miedo.

El niño debe estar quieto,
callado, tieso...
así no traerá problemas...

El niño sonríe dormido.

En un país lejano
donde no hay reglas del juego
sueña que está despierto
y alguien le cuenta un cuento.


Miguel Ferrer 2006