que te quites todo,
lentamente,
todo aquello que no es tuyo,
ni nació con vos.
Quiero
las cerezas de tus pechos
convertidas en puñales,
como aguzadas de frío,
como las dos últimas
estrellas de la tarde
en el firmamento azul
de mi recuerdo.
Quiero
ver salir el sol en dos mitades
amaneciendo entre tus piernas,
imposible de mirar
de tan perfecto,
llorando por la espera
lágrimas de deseo.
Quiero
el salto de piernas abiertas
y la caída de bailarina tímida
sobre el rojo
de mi vela encendida.
Quiero
la contracción que te dobla,
que te enreda los talones
a mi espalda,
te agarrota los muslos
y te anuda el himen
en un desesperado
torniquete de placer
para que no se apague
la luz que sangra
la cera blanca de mi vela
que ya empieza a derretirse.
Miguel Ferrer
24-jun-2008